Mujer warao se abre nuevos caminos

La figura céntrica de la familia warao es la mujer; la suegra, quien es la abuela, la madre, la esposa es la encargada de administrar y repartir equitativamente los bienes y el fruto del trabajo diario.
La mujer warao, se caracteriza por poseer grandes habilidades en la manufactura de los tejidos naturales, sus manos son expertas en la extracción de las fibras del moriche para el tejido del chinchorro, sus dotes biológicos y físicos son tomados para la reproducción a partir de la pubertad.

El aidamo presente Avila de Bonoina, no se cansa de relatar que en su cultura tradicional, la mujer warao, desde muy niña es preparada para la atención a su marido y esto significa, trabajos forzados; no tiene adolescencia ni juventud.

La pubertad, desde la primera menstruación, es indicio de formar nueva familia, para esto, la madre selecciona quien será la pareja de su hija.
En el último día de la primera menstruación, es raspada su cabellera al ras, signo del comienzo de una nueva vida.
Entre las costumbres tradicionales del warao destaca la poligamia en el matrimonio; al hombre se le permite convivir con varias parejas bajo un mismo techo; más no a la mujer.
Durante su periodo menstrual, es aislada en una casucha, alejada de las miradas de todos, durante los días no le permiten hacer contacto con el agua ni con la tierra, sólo cuenta con la asistencia de una adulta tomada como madrina de sangre (población de Winikina).
Por su condición de mujer, se le tiene prohibido el contacto con los implementos de pesca o cacería y todos los materiales de trabajo que hacen usos los hombres para sus faenas.
Ella es la dueña del fogón o la cocina, por lo tanto es la responsable de la preparación de los alimentos y la crianza de las hijas.
Aunque ante la mirada de la cultura occidental la mujer warao podría estar en una posición de desventaja frente al hombre, esto no es del todo cierto pues, la esposa es formalmente la dueña de la casa, además de ser quien administra la economía del hogar apropiándose y redistribuyendo la caza y la cosecha de su maridos y demás hombres de su familia.
Como pasa en el resto de la sociedad, la mujer warao ha ido sumando roles que años atrás le eran impensables, cómo líderes en sus comunidades y puestos de trabajo, de hecho, cada día es más común conocer grupos en donde la cacica es una mujer.
Por el derecho a la libertad de la mujer warao y de todas las etnias que hacen vida en el país, Kapé Kapé felicita a las pioneras que hoy abren camino para futuras generaciones y aboga por un cuerpo institucional que posibilite que a ninguna mujer indígena se le cierre una puerta tan sólo por su origen.


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