Comunidades del Delta no han logrado escapar de los embates del cólera

“Ni los cantos ni las maracas sagradas del wisidatu contenían la muerte que se había apoderado de nuestra casa. Dos, tres, cuatro y hasta cinco personas fallecían diariamente” es el relato de Carlos Pérez, indígena warao de Mariusa.

En la orilla del majestuoso  Orinoco, sentado frente a su tarraya de pesca, el warao Carlos Pérez rememora la fatídica década de los noventas, específicamente agosto 1992. Justo, cuando se generó el brote del cólera en Delta Amacuro que diezmó a más de 5.000 indígena waraos.

El sector de Mariusa, municipio Tucupita, anclado en la orilla del Atlántico, fue la zona más afectada. Pérez recuerda que logró sacar a su familia “salimos del lugar, buscando huir de la maldición, muchos se quedaron por el camino, otros llegaron hasta Nabasanuka, al dispensario más cercano” señala con nostalgia el indígena en su propio idioma.

Agosto de 1992, fue marcado por su impacto en la salud de las comunidades waraos del Delta. El ambulatorio de Nabasanuka, municipio Antonio Díaz, fue uno de los receptores de la mayor cantidad de pacientes.

Así lo recuerda el enfermero Santiago Moraleda, “no teníamos descanso, no había horas que los afectados no llegaran, en cualquier momento se presentaba paciente tirado en la curiara, muchos llegaron tarde, la muerte se habían apoderado de las comunidades” recuerda.

Según documentos de la OMS, era  la octava pandemia, después de la crisis de Rwanda, en 1994, varios brotes de cólera causaron al menos 48 000 casos y 23 800 muertes en el intérvalo de un mes en los campamentos de refugiados en Goma, en el Congo.

En 1991, la epidemia llegó a Latinoamérica; el 3 de diciembre de 1991, fue diagnosticado el primer caso de cólera en el país, registrándose en el estado Zulia.

Después de un silencio epidemiológico de dos años (1994 -1995), el cólera reinició su actividad en el año 1996, y se mantuvo en la región oriental del país hasta el año 2000.

De acuerdo al testimonio de Carlos Pérez, la situación generó un pánico que provocó la desorganización y la estampida de la población indígena hacia las ciudades más cercanas:  Barrancas del Orinoco, Los barrancos de Fajardo, San Félix y Tucupita.

Sin embargo, se desconocen cifras oficiales del Ministerio de la Salud sobre el impacto del cólera en esta década en las comunidades waraos.

Las comunidades waraos del  Delta se presentan son los actuales momentos, caldo de cultivo para la reaparición de la enfermedad.

El consumo de agua sin tratamiento es uno de los factores con mayor riesgo que amenaza a las 320 comunidades indígenas del estado Delta Amacuro.


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