Voces y saberes de nuestra tierra: “Aparte de ser su madre, ahora su maestra soy yo”

Con la pandemia del Coronavirus, a las madres de Amazonas les tocó pasar de lidiar con los problemas de transporte, la falta de efectivo para el pasaje y cumplir con las responsabilidades laborales a hacerse cargo del estudio y las tareas de sus hijos.

Y es que con el sistema de educación a distancia que implementado no se tomó en cuenta las fallas de la infraestructura de telecomunicaciones y eléctrica del país, que en un estado como Amazonas es más limitada aún. Y más difícil es la tarea si no se cuenta con una herramienta básica hoy en día como un teléfono inteligente u otro equipo con acceso a internet.

Tal es el caso de Obreima Musolini Hernández, una indígena jivi, de 34 años, madre de 2 niñas de 9 y 11 años, que estudian 4to y 6to grado de primaria respectivamente y un niño de 12 años que cursa 2do año de media general.

Sus labores como Trabajadora Social en el Servicio de Asistencia y Orientación al Indígena en el Hospital José Gregorio Hernández de Puerto Ayacucho, estado Amazonas, lo tiene que dividir con su responsabilidad en la educación de sus 3 hijos.

“Hay que lidiar con todo. Últimamente se me ha complicado mucho el aprendizaje de mis hijos porque ha sido un cambio muy grande”, dice con cierto tono de quien para las cosas no han sido fácil.

“Antes de la pandemia venía todo normal, claro con el problema que nosotros vivimos muy lejos del centro de la ciudad, y el transporte se nos complica mucho, yo cambié a mis hijos para una escuela cerca de mi trabajo, pero con la escasez del efectivo o a veces que no hay, se me hacía difícil porque son 4 pasajes de ida y vuelta, más todo el trajín que uno hace diario, la escasez de transporte también porque no había  gasolina, las paradas todas full de gente esperando autobús, ese era el principal problema que tenía antes para la educación de mis hijos”.

Musolini cuenta que fue difícil la adaptación al nuevo sistema educativo que decidió aplicar el gobierno para evitar las aglomeraciones de los estudiantes en las escuelas.

“Fue un cambio muy radical para los niños y para mí, porque tenía que estar en el trabajo, tenía que investigar los trabajos de los niños, se me hizo bastante difícil y complicado adaptarme a ese sistema educacional. A los niños también porque están acostumbrados a que el docente les explique cada actividad, cada trabajo que van a colocar, y se nos hizo difícil para todos en la casa”

Y si no se cuenta con algunas de las herramientas necesarias para tener una educación a distancia más difícil es.

“Yo tuve que ir a la escuela porque no tenía teléfono inteligente, me tocaba ir a copiar las preguntas porque las maestras estaban utilizando un medio telefónico para mandarle a los padres las tareas, luego tenía que investigar en internet y ese era otro problema porque como no tenía teléfono sino iba a un cyber le pedía el favor a una amiga o un familiar, y cuando no había señal o línea, se iba la luz y al final me tocaba buscar en los libros”.

En Puerto Ayacucho el servicio de internet es relativamente estable, pero a veces ocurren fallas por horas o días, producto de los cortes de la fibra óptica, daño de algún equipo en otra región del país o cuando hay un apagón general de electricidad y se anulan todos los demás  servicios.

Para Obreima Musilini eso era “un retraso de trabajo y no los podía entregar en la semana que me decían”. Sus hijos “también escuchaban las clases por radio y veían a veces las de televisión, pero cuando se iba la luz, no se podía hacer nada”, dice.

Pero la dificultad de este nuevo proceso educativo no fue solamente para ella como madre, sus hijos también lo resintieron. “Yo los ayudé a hacer las tareas pero al principio ellos no entendían, no entendían el proceso cómo iban a hacer, qué tenían que hacer, ellos están acostumbrados a que una maestra les explique la actividad, lo que tienen que hacer. Ahora aparte de ser su madre su maestra soy yo”.

Y al final del año escolar la madre de estos 3 niños amazonenses tuvo que ir a la escuela y liceo de sus hijos a buscar sus notas. Más allá de las letras o los números valorativos ella considera que no se obtuvo los resultados esperados.

“Yo en mi opinión no vi que ellos hayan aprendido algo en estos últimos meses. No veo que ese sistema de educación a distancia sea factible para ellos. No aprenden nada, tengo que estarles explicando yo, reforzando las matemáticas. Ahorita soy la madre profesora y todo. Se decayó la educación”.

Obreima Musolini ahora cuenta con un teléfono inteligente, pero piensa que no le va a servir de mucho. “Si se va el internet o la luz, es lo mismo de igual o peor”, concluye.


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