Ni los controles de la pandemia han detenido la migración indígena de Amazonas a Colombia

Ni los controles de la pandemia han detenido la migración indígena de Amazonas a Colombia

Indígenas del eje carretero sur, específicamente del pueblo jivi, se siguen yendo de sus comunidades ante las precarias condiciones socio-económicas en las que se encuentran en su territorio de origen.

Habitantes de las comunidades Coromoto, Platanillal, Rueda, entre otras, han migrado a Colombia en los últimos 3 meses, buscando mejores condiciones de vida que hoy no tienen garantizadas en sus comunidades en vista de la crisis humanitaria compleja que atraviesa el país.

La migración forzosa indígena, así como la venezolana en su totalidad, ha sido inédita tanto en el país como en la región, abirendo el debate entre organizaciones y  países receptores  sobre  el  tratamiento  que  debe  dársele  a  los  indígenas  desde  la perspectiva de los derechos humanos.

Sin importar los controles y restricciones que ha impuesto el gobierno por la pandemia de la COVID-19, de la comunidad Platanillal se han marchado en los últimos 3 meses 69 adultos, 4 de ellos de la tercera edad, 16 niños y 17 adolescentes. Mientras de la comunidad se han ido a Colombia, buscando mejorar su situación, 17 adultos y 18 niños, según los datos suministrados a Kapé Kapé por voceros comunitarios del eje carretero sur.

Los principales destinos de estos indígenas migrantes venezolanos son el Departamento Vichada, específicamente las zonas de Puerto Carreño y Cumaribo y el  Departamento Guainía. Algunos de los migrantes tienen doble nacionalidad o son descendientes directos de indígenas colombianos.

Otro punto de la migración de los indígenas son las minas ilegales en el municipio Autana y Atabapo, hasta donde se trasladan para buscar algunas gramas de oro para resolver sus necesidades materiales, arriesgando sus vidas y siendo objeto de tratos crueles o esclavizantes.

Según los voceros comunitarios consultados, los indígenas jivis y de otros pueblos migran antes las grandes necesidades que están pasando en sus comunidades en cuanto a la alimentación, vestimenta, atención de salud y otros servicios básicos con los cuales no cuentan o se han deteriorado considerablemente.

Consultados sobre el tema de la alimentación y la situación de los conucos, dijeron que si bien es cierto que los indígenas siguen sembrando, la producción y lo que ganan por sus productos es insuficiente para mantenerse.

Es importante destacar que más del 90% de las comunidades indígenas del eje carretero sur tiene severos problemas con el servicio de salud, ya que la mayoría de sus ambulatorios están deteriorados, no cuentan con personal médico, ni medicinas para atenderlos en su propia comunidad.

Más allá de todo el marco jurídico que protege a los pueblos y comunidades indígenas en nuestro país, lo que queda en evidencia es que están siendo también víctimas de la mala situación económica del país.

Por otro lado, el gobierno ha disminuido la frecuencia de entrega de las bolsas de comida de los Clap en las comunidades, pasando el lapso de entrega cada mes a un lapso de cada 45-55 días.

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