Voces y saberes de nuestra tierra: ¿Qué madre quiere que un hijo se le vaya a otro país? La experiencia de una madre indígena con un hijo migrante en el extranjero

Clemencia García tiene 53 años, es una indígena del pueblo baré, sus padres se vinieron a Puerto Ayacucho jóvenes desde San Carlos, la capital de Río Negro, un municipio del estado Amazonas fronterizo con Colombia y Brasil.

Ella es madre de 2 hijos, uno de ellos es un varón llamado Jesús García, tiene 29 años, en febrero de 2018 migró hacia Colombia buscando mejor ingreso, mejor futuro, el que no veía pese a trabajar fuerte en Puerto Ayacucho.

Jesús es padre de 3 hijos varones de 7, 4 y 2 años respectivamente, los  2 mayores viven con la abuela Clemencia.

A ella se le nota en la cara la tristeza y angustia de quien no tiene a una parte de sí cerca. “Él tuvo que irse a raíz de toda esta situación que está pasando en el país y entonces se fue a buscar nuevos horizontes”.

Jesús trabajaba en Puerto Ayacucho, antes de graduarse como licenciado en administración era cantante, fue hasta telonero del exitoso duo Chino y Nacho, así se ganaba la vida. Ya con título en mano estuvo trabajando 2 años como fiscal en la Sundde, pero el ingreso no le daba para mantener a sus 3 hijos.

Se fue a Puerto Inírida, la capital del Departamento Guainía en la República de Colombia, es un viaje que se hace vía fluvial desde Puerto Morganito en el municipio Autana y que toma aproximadamente unas 7 horas en bongo. Esa población ha sido destino de muchos pobladores de Puerto Ayacucho.

“Él siempre estaba en contacto, ha estado trabajando, como 2 veces el me depositó, pero después hemos perdido comunicación”, dice esta madre amazonense en medio de la angustia por no saber de su hijo desde mayo de este año.

“Después del día de las madres no he sabido más de él. Me dijo que le estaba yendo bien, de hecho me dijo que iba a venir a buscar a sus niños, pero hemos perdido contacto. Uno no se puede comunicar para allá, es él el que tiene que llamar”.

Para esta maestra, formadora de generaciones de estudiantes, no ha sido un proceso fácil la separación de su único hijo varón.

“Tremendo, cuando se fue yo empecé a adelgazar, pendiente de cómo estaba, que si comía o no comía, toda esa situación terrible. Una angustia. ¿Qué madre quiere que un hijo se le vaya a otro país?.

La ida de su hijo le ha costado hasta lágrimas a esta indígena baré. “Como no tienes idea” dice.

A todo el que ella conoce que ha regresado a Puerto Ayacucho desde Puerto Inirida le pregunta por su hijo Jesús. “Algunos me decían que sí lo habían visto, que estaba bien, por lo menos era algo, y después él llamaba y me decía que estaba bien, trabajando” eso la tranquilizaba y era un paso más que daba en ese proceso de adaptación a la ausencia.

Casi todos los que emigran de Puerto Ayacucho hacia esas zonas de Colombia van a trabajar para tener mejor ingreso, algo que no existe en nuestro país. Muchas familias de Puerto Ayacucho reciben algunos pesos de remesas o giros que les hacen sus familiares.

“Él me depositaba, me depositó como 2 veces y con eso me ayudaba, él me mandaba en pesos colombianos. Una vez me mandó 200 mil pesos (28 millones de bolívares) y la otra fueron 250 mil pesos (35 millones de bolívares), con eso comprábamos, si alcanzaba, por lo menos para la comida”.

A Clemencia García le ha tocado vivir doble drama, la ida de su hijo a otro país y ver como sus nietos extrañan a su padre y demandan su afecto.

“Yo me quedé con los 2 grandecitos, ay no, como lloran, le escriben cartas, lo quieren ver, todos los días el segundo me pregunta cuando viene su papi, el día del padre le hicieron sus cartas”.

 Ya han pasado 5 meses que esta madre no sabe nada de su hijo, él no se ha comunicado más con ella, no la ha vuelto a llamar.

“Vivo preocupada, a todo el que viene de allá le pregunto si lo han visto, una sobrina viajó para allá pero tampoco sé si se fue y lo vio, estoy en eso, en espera. Vivo en angustia. Le mandé a decir que sus hijos están grandes, que preguntan por él, que lo quieren ver que lo extrañan, que se comunique y que si no puede venir que nos deposite algo para la comida”.

Una madre nunca quiere tener a sus hijos lejos por lo que la migración forzada por la crisis económica y social que vive el país ha roto muchos lazos y tejidos familiares  al obligar, sobre todo a los jóvenes, a tomar distancia de sus familias yéndose a otras tierras a buscar una mejor vida.

“Yo nunca pensé vivir esta experiencia, imagínate cómo era con mis alumnos, así soy con mis hijos, él se fue así como de repente, un día apareció y me dijo mamá yo voy y vengo, es rápido y mira todo lo que uno ha pasado”.

No es solamente Clemencia García la que vive una situación similar en su familia con su hijo, como ella misma dice “cantidad de madres que están en la misma situación, a la mayoría los hijos se les han ido buscando otra calidad de vida”.

Viene diciembre y en los hogares donde hay una ausencia por la migración la pasan terrible.

“Nosotros somos muy unidos, uno la pasa terrible, llorando. Yo tengo mi terreno y la casa de mi hija y la construcción de mi hijo están ahí, yo no quiero que mis hijos se me vayan de mi lado, y mira lo que pasó”.

“Es difícil está situación vale, uno no desea que una madre pase por esta situación, por lo que está pasando, por lo que está viviendo” concluye esta madre baré que solamente ansía tener a su hijo a su lado nuevamente.


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